Los arquetipos conflictivos

Los arquetipos conflictivos son patrones de comportamiento que viven en nosotros en distintas proporciones. Emergen ante situaciones, personas, noticias o cambios que nos hacen sentir amenazados y pueden llegar a tomar el control de nuestras conversaciones difíciles, sin distinguir si el peligro es real, imaginario o proyectado.

El primer paso para aprender a desactivarlos o mitigarlos es reconocerlos y entender como operan, la manera en que se manifiestan, y sus consecuencias en relaciones, decisiones y resultados.

El origen de los arquetipos conflictivos

Para nuestro cerebro, conflicto es conflicto. Sin importar si es real, imaginado o aparente. Sin diferenciar si es un conflicto pequeño, mediano o grande. Sin distinguir si es una diferencia mínima, un desacuerdo relevante o una objeción puntual. Sin detenerse a calibrar posibles repercusiones en el corto o largo plazo.

Para nuestro cerebro, se trata simplemente de un tema de sobrevivencia y sus respuestas neurológicas están impresas en nuestro ADN: huida, ataque y parálisis. A diferencia de nuestros ancestros, en nuestro caso las señales pueden ser más sutiles pero responden a las mismas necesidades.

Huida

Ante una situación de amenaza, el cerebro activa la necesidad de alejarse para protegerse, para escapar del peligro, lo que puede ir desde evitar la discusión, optar por el silencio o abandonar una reunión.

Ataque

Frente a la percepción de peligro, el cerebro dispara los mecanismos de ataque que nos permitan luchar o defendernos, desde el uso del sarcasmo, alzar el volumen de la voz y  recurrir a amenazas.

Parálisis

Al percibir una amenaza, el cerebro bloquea la acción como mecanismo de defensa o protección esperando que la misma pase, lo cual puede incluir quedarnos “congelados” en una discusión o quedarnos sin palabras.

Pecados capitales al abordar conflictos

Muchos no tuvimos un buen modelo sobre cómo enfrentar los conflictos. Más bien es posible que hayamos aprendido de otros todo lo que no debe hacerse y lo replicamos sin darnos cuenta o, lo que es peor, nos damos cuenta pero no lo cuestionamos.

Revisa esta docena de pecados capitales: ¿En cuáles incurres?.

Úsalas en tu beneficio y de tus relaciones

Caja de herramientas para un abordaje constructivo de conflictos

Desconocer como gestionar conflictos de una manera constructiva contamina relaciones, decisiones y resultados. Prueba con estos recursos para hacerlo cada vez mejor.

Explicación alternativa

Explicación alternativa

Sesgos cognitivos, filtros y otras rutas cortas utilizadas por nuestro cerebro nos llevan a hacer interpretaciones, suposiciones o juicios que contaminan las relaciones, las conversaciones y los resultados que conseguimos.

En situaciones delicadas o de mucha presión, por el instinto de sobrevivencia exacerbado, solemos ponernos a la defensiva o tendemos a atacar a la otra persona. Nos tomamos como algo personal -en contra nuestra-: acciones, conductas o actitudes que, en muchos casos, no

lo son. En otras palabras, construimos nuestras propias explicaciones sobre las razones del comportamiento o actitud de la otra persona.

Esta herramienta busca que concedas el beneficio de la duda y encuentres explicaciones alternas, dando el beneficio de la duda a la persona. Hacerlo ayuda a bajar el tono emocional que a veces se apodera de nosotros en conversaciones difíciles. Nos permite ponernos en el lugar de la otra persona y entender que hay otras posibilidades para que haya reaccionado como lo hizo. ¿Cómo actuaríamos si alguna de estas posibilidades fuese la explicación?

9 Respuestas constructivas al conflicto

9 Respuestas constructivas al conflicto

Manejar de forma constructiva los conflictos es un difícil arte que debemos aprender a desarrollar para reaccionar cada vez mejor ante el mecanismo neurológico de lucha y huida que suele tomar el control, de nosotros y otros, provocando -según sea el caso- una escalada en el conflicto o una procrastinación del mismo.

Una próxima vez, ante una situación conflictiva, pon primero el botón de pausa. Respira profundo. Y luego aplica claves, como las siguientes, para un mejor abordaje de la situación e incluso contención de tu parte o sensibilización hacia la otra persona.

Curiosidad e interés: Demostrar curiosidad sobre la persona, lo que piensa, siente y su situación.

Asunción de buenas intenciones: Asumir que la otra persona tiene buenas razones e intenciones.

Apertura a la influencia: Estar dispuestos a reconsiderar nuestras presunciones y puntos de vista.

Identificación de intereses: Compartir sus intereses y conocer los del otro buscando puntos en común.

Uso de lenguaje neutral: Desplegar un lenguaje lo más objetivo, neutral y constructivo posible.

Enfoque en el futuro: Centrarse en posibilidades y opciones y en lo que se requiere para el futuro.

Reserva de positivismo: Recordar experiencias compartidas y cosas positivas de la relación.

Observación desde el balcón: Distanciarse para observar con mayor y mejor perspectiva la situación.

Mitigación con reparación: Compartir expresiones de desagravio, agradecimiento e incluso disculpas.

Botón de pausa

Botón de pausa

Ante una situación difícil, molesta o incómoda, solemos reaccionar de forma automática, casi instintiva, sin pensar en sus consecuencias, a nivel de resultados y relaciones. Este precisamente es el problema. Reaccionamos a la situación y el resultado solo es una repercusión.

Esta herramienta detiene el impulso inconsciente y nos ayuda a poner distancia entre nosotros y la situación, para poder definir cuál es el resultado que queremos o al que deberíamos aspirar, en nuestro rol de liderazgo o en nuestras relaciones.

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