La incomodidad.
Hay que abrazarla.
Aprender a quererla.
Convertirla en socia de vida.
Escuchar los que nos quiere decir.
Prepararnos para las cosas que no salen como las soñamos.
Aprender de ello.
Anticipar escenarios. Imaginar posibilidades.
Construir sobre lo que recibimos, o lo que nos sucede, aunque no nos encante.
Hacer lo mejor que podamos una y otra vez, sin rendirnos.
Porque sentirnos cada vez más confortables en la incomodidad nos hace mejores personas, mejores líderes.