Me abrió los ojos. Desconozco quien es el autor pero se trata de una práctica de meditación compasiva, proveniente de enseñanzas budistas, que nos invita a humanizar a la otra persona, reconociendo que compartimos con ella necesidades universales básicas como el respeto, el deseo de logro, el estatus, la afiliación y la felicidad.
Le vi mucha utilidad, porque a veces reaccionamos desde la soberbia, la arrogancia y el convencimiento de que tenemos razón y esto lo que provoca es una escalada. Y en conflictos, lo que necesitamos son segundos para no caer en el ataque ni en actitudes defensivas.
Piensa en el valor de esta pócima. Te la presento:
-Detonante. Una persona a cargo critica un proyecto que planteaste y el rol que le estás asignando en él.
-Presiona botón de pausa y piensa: “Esta persona al igual que yo quiere reconocimiento”. Hacerlo te ayudará a no ver su crítica como un ataque sino como una expresión de necesidad de logro o estatus.
-Respuesta constructiva: “Entiendo que tienes algunas reservas sobre el proyecto y que buscas mejorarlo, qué ideas tienes sobre tu participación en él”.
Posibilidades:
-Al igual que yo, esta persona quiere ser escuchada y comprendida.
-Al igual que yo esta persona tiene opiniones y perspectivas.
-Al igual que yo esta persona busca respeto y aprecio.
-Al igual que yo esta persona quiere hacer las cosas bien.
-Al igual que yo esta persona tiene talentos y buenas idas.
Detrás de una reacción, hay un motivo, una necesidad, muchas veces no expresada:
-Qué pasaría si viéramos a la persona con quien tenemos la diferencia con ojos de empatía, con mirada de curiosidad: ¿cómo le hablaríamos, de qué manera, con qué tono, con qué intención?.
El ejercicio bien usado nos da perspectiva. Es un poderoso cable a tierra poderoso.