La amabilidad tiene un efecto multiplicador. Genera poderosas ondas expansivas que benefician a las personas con que somos bondadosos y … también a nosotros.
Se propaga e impacta a muchas más personas de las que pensamos. Actos de bondad, aparentemente pequeños, desde una sonrisa hasta un obsequio- calientan nuestro corazón.
Como bien dice el doctor David Hamilton, doctor en química orgánica, quien ha investigado durante décadas los efectos de la amabilidad, ser bondadoso levanta los ánimos, nos eleva, nos recuerda quiénes somos y de qué se trata la vida y el legado que queremos dejar.
Ser amables siempre, con todos, en todo momento. Siempre podemos serlo!. Por nuestro bien y de los demás.