Quiero pensar que es así, por más difícil, doloroso o complejo que sea lo que ocurre o lo que nos sucede. Y no, no significa negar el dolor. Hay que sentirlo, conectar con él, y luego decidir qué hacer con el desconsuelo.
La felicidad no depende tanto de lo externo, sino de la manera en que nuestra mente procesa lo que ocurre. Cultivar resiliencia puede ayudarnos.
La capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e, inclusive, ser transformado por ellas, suele identificarse como una diferencia crítica entre personas exitosas y las que no lo son.
Esta habilidad desarrolla. No por no tenerla antes, no se puede fortalecer ahora. Nuestra cantidad de resiliencia puede variar. Y en algunas situaciones podemos ser más resilientes que en otras.
Algunas posibilidades para desarrollar el músculo de la resiliencia:
-Sembrar gratitud.
-Cultivar relaciones.
-Liberar creatividad.
-Construir propósito.
-Cultivar la paciencia.
-Contagiar amabilidad.
-Entrenar la tolerancia.
-Reinterpretar los retos.
-Aprender a pedir ayuda.
-Ejercitar la curiosidad sana.
-Valorar las pequeñas cosas.
-Desarrollar autocompasión.
-Buscar lo bueno de lo malo.
-Practicar la autoaceptación.
-Aguzar el sentido del humor.
-Cuidar nuestro diálogo interno.
-Desarrollar la flexibilidad mental.
-Fortalecer la capacidad de soltar.
-Encontrar significado en lo que nos sucede.
La vida, más que lo que nos sucede, es la forma como reaccionamos a lo que nos ocurre.