No a todos nos funciona lo mismo, porque no vivimos lo mismo ni lo vivimos de la misma manera, ni al mismo tiempo ni con la misma intensidad.
Pero todos tenemos momentos buenos y también difíciles donde nos cuesta ver luz en el túnel.
De los primeros no tenemos queja. Los segundos nos hacen dudar, desconfiar, abandonar.
Por eso me gusta esta frase de Norman Vincent Peale: siempre es temprano para rendirse.
Es una invitación poderosa para seguirlo intentando, para seguir esforzándonos. Una invitación a no claudicar.
Para recargar fuerzas y empuje, cada quien tiene que identificar lo que mejor le funcione, según la realidad que está viviendo, pero me atrevo a compartir algunas recomendaciones:
Escuchar sin juzgar.
Celebrar las victorias.
Practicar la paciencia.
Pedir retroalimentación.
Ejercitar la autocompasión.
Rodearse de apoyo positivo.
Realizar pausas estratégicas.
Adoptar nuevas perspectivas.
Revisar el propósito regularmente.
Generar lluvias de ideas sin cuestionarlas.
Romper paradigmas y creencias limitantes.
Enfocar los problemas con distintos lentes.
Observar las situaciones desde diferentes alturas y distancias.
Probar nuestras caminos, procesos, herramientas y soluciones.
Quien insiste y persiste, termina sorprendiéndose de sí mismo y de lo que logra.