“Intenta ser un arcoíris en la nube de otra persona”. Es una invitación poderosa de Maya Angelou. Ella, a través de su poderosa poesía y de su innata generosidad, lo fue para muchos. Sabía muy bien de lo que hablaba.
La conocemos como poeta. Pero, a lo largo de su vida, en distintos momentos, fue actriz, cantante, bailarina, escritora, cocinera, periodista, directora de cine y conductora de tranvías, además de otros oficios, según recogen sus autobiografías .
Angelou se erigió en una líder defensora de los derechos civiles y la igualdad, desde la sobrevivencia y superación personal, porque sufrió abusos sexuales por parte de un familiar cuando era niña y se quedó muda de forma patológica durante casi cinco años. Refugiada en su silencio, en ese período, desarrolló una extraordinaria memoria, pasión por los libros y una gran capacidad de observación, escucha y empatía.
En esta fecha su frase me resuena. Ser un arcoíris en la nube de alguien más es un gentil recordatorio, una poderosa llamada a la acción, a convertirnos en un faro que ilumine con alegría, bondad, consuelo, compasión y generosidad a las personas con que interactuamos
El simbolismo de su frase es precioso. Un arcoíris es un símbolo de esperanza, alegría y renovación.
La generosidad, la compasión y la amabilidad tienen un efecto positivo en la vida de los demás y también en la nuestra.