Esto es lo que deberíamos hacer si hemos escogido gente competente, con la cabeza bien amueblada. Dejar que la usen. Pero, a veces, consciente o inconscientemente hacemos lo contrario.
-Limitamos.
-Sofocamos.
-Enredamos.
-Castigamos.
-Amargamos.
-Intimidamos.
-Controlamos.
-Atropellamos.
-Desconfiamos.
-Micro-gestionamos.
-Sobre-supervisamos.
Hay comportamientos que aprendimos de otros y los usamos con más o menos sutileza, con más o menos agresividad. Pero sin cuestionar. Otro aprendimos todo lo que no debe hacerse e incluso aprendimos a aplicarlo en el “peor orden” para socavar el compromiso de la gente. Y que aunque pueda dar resultados en corto, no serán sostenibles en el largo plazo.
La mayor parte de lo que
llamamos gestión consiste
en dificultar el trabajo
de las personas.
Peter Drucker.
Esta frase de Drucker es una invitación a cuestionarnos como líderes, a vernos en el espejo, y preguntarnos si estamos poniendo barreras a nuestra gente que frenan su potencial o si estamos levantando, removiendo, todos los obstáculos a su alrededor para que brillen.
¿Obstaculizas o allanas el camino?