La confianza es el ingrediente de un equipo, de un verdadero equipo. Sin confianza no hay equipo.
Pero el punto de inflexión que convierte a un equipo en un equipo de alto rendimiento es la forma como aborda los conflictos. Las diferencias, las objeciones, las críticas, los disensos.
Y acá es donde la cosa se pone difícil: porque ante ellos nuestra configuración cerebral -decisiva cuando vivíamos en la sabana a merced de depredadores de todo tipo, tamaño, fuerza y voracidad- es primero actuar y luego pensar.
- Nos vestimos de sarcasmo.
- Nos refugiamos en el silencio.
- Nos sumergimos en negación.
- Nos escudamos en la ironía.
- Empuñamos amenazas.
- Minimizamos el problema o la persona.
- Disparamos sarcasmos
- Lanzamos generalizaciones.
- Revivimos viejos conflictos.
Es cierto que no desplegamos este arsenal con todas las personas ni de la misma manera. Distinto es cuando hablamos con el jefe que cuando lo hacemos con una persona a cargo. Diferente es si tenemos un desacuerdo con un compañero que si lo tenemos con la pareja. Pero aunque haya matices, las reacciones están allí.
Una provocación, una crítica, un llamado a cuentas, una feedback negativo, nuestro cerebro la procesa como amenaza y actuamos en consecuencia.
Ten cuidado.
Sin confianza, en uno mismo y en los otros, la seguridad sicológica no germina y sin confianza no es posible un abordaje sano de conflictos.