Dar retroalimentación es una gran responsabilidad del liderazgo que nunca debe improvisarse. Porque al dar feedback todo cuenta, inclusive nuestra intención.
De nuestro propósito y de cómo lo expresemos -en qué tono, con qué palabras, con cuáles gestos- dependerá, en gran medida, que la persona asuma una actitud defensiva o una postura de escucha activa.
No se trata, para nada, de un tema menor. Todo lo contrario. La retroalimentación es una habilidad crítica, decisiva, para nuestras vidas no sólo para el ejercicio del liderazgo. Nos ayuda a tomar mejores decisiones, a construir mejores relaciones y a conseguir mejores resultados.
Sólo la preparación y la práctica deliberada te convertirán, poco a poco, en un maestro de la retroalimentación, que disfrute de entregarla porque sabe que lo que está diciendo y la forma en que lo diciendo hará una diferencia positiva en las personas a las que lidera o con que se relaciona.
No improvises.