Acercarse a la cima del liderazgo requiere mucha introspección, mucha humildad, mucha intención. Exige cuestionar la forma en que hacemos las cosas, la manera en que construimos relaciones, el proceso para tomar decisiones, el modo en que conseguimos resultados.
Es seguir escalando, grada a grada, con la convicción de que podemos ser cada vez mejores líderes, mejores personas.
Para ello, necesariamente, hay que detenerse de cuando en cuando y desactivar el piloto automático. Tomar el volante de las conversaciones difíciles que estamos postergando, trabajar decididamente en fortalecer la gestión de nuestras emociones y seguir mejorando, porque el que no mejora empeora!.
Es un llamado también a ser amables, porque mejora nuestras vidas y la de las personas con que interactuamos.