No siempre podemos escoger las personas con las que trabajamos pero sí podemos poner límites a las que son disfuncionales o definir tácticas para minimizar su impacto negativo.
El desafío con los colegas tóxicos, lo cual también ocurre con personas disfuncionales en otros entornos, es que nos contagian, nos drenan energía, nos carcomen la autoestima, nos sabotean la confianza en nosotros mismos. Todo esto y más si no alzamos barreras para impedirlo.
Se puede ser asertivo, amable, sin caer en agresión ni en ataques innecesarios.
Requiere firmeza porque difícilmente cambiarás el comportamiento de una persona pero si puede proteger tu espacio emocional y tu autoestima. Lo peor que puedes hacer es normalizar comportamientos tóxicos.
La clave está en reconocer las dinámicas dañinas sin engancharse en ellas, sin responder con agresividad, marcando límites. A veces puede bastar con una frase, otras veces requiere levantarte e irte.