Las personas muy productivas siguen trabajando con disciplina, con intención deliberada, no sólo en mantener enfoque sino en seguir aprendiendo, en seguirse desafiando.
No se duermen en los laureles.
Tienen claro que el conocimiento, el aprendizaje en sus distintas formas, es un recurso dinámico, en un mundo de negocios que cambia constantemente.
Saben que el precio de quedarse quietos, en relación con lo que saben, lo que tienen y con sus relaciones, es volverse obsoletos.
Entienden que la mejora continua no es un lujo, es una necesidad.
Y que aprender, seguirse superando, les da un ventaja competitiva.