Aprender a decir que no. Poner límites.
Es difícil de hacer pero indispensable para enfocarnos, optimizar nuestro tiempo y ser leales con nosotros mismos.
No hay que temer decir que no. Hay que aprender a decirlo de modo asertivo, sin sentirse uno culpable.
Decir que no te permite decir sí a lo relevante, a las cosas que realmente importan.