El compromiso es o no es. No admite medias tintas. Debe nacer de adentro. Debe ser un contrato con uno mismo. Sin titubeos, sin dudas, sin excusas, sin fórmulas fáciles.
El compromiso es una decisión interna que debe permear todo lo que hacemos, la forma en que lo hacemos, las decisiones que tomamos, la manera en que nos relacionamos, los resultados que conseguimos.
No debería estar atado a promesas, bonos, presiones o recompensas externas.
Porque la mejor recompensa es ser leales a nosotros mismos. Liberar nuestra propia grandeza. Ser congruentes con nuestros valores. Y esto no se negocia, no se calcula, no se mide. Se asume por convicción.
El compromiso exige coherencia. Cumplir lo que se promete, de la manera en que se prometió, incluso en situaciones difíciles.
El compromiso es, ante todo, un pacto con uno mismo.