Gestionar el conflicto cuando revienta es una cosa y saber atajarlo es otra.
Porque hay una serie de disparadores de conflictos en el trabajo a los que como líderes debemos estar atentos. Son bombas que poco a poco minan las relaciones. Bombas que enrarecen el clima laboral y la dinámica de equipo. Bombas que afectan el compromiso y la productividad.
Como líderes debemos desactivarlas sin ningún tipo de piedad ni complacencia.
Muchos, y me incluyo entre ellos, aprendimos desde niños lo que no debe hacerse. Y luego lo reforzamos -más adelante- en la escuela, el colegio, la universidad o en nuestros primeros trabajos, con personas que utilizaron, con nosotros o con otros, esas malas prácticas.
Hay quienes acogimos esas malas prácticas, sin cuestionarlas. Quienes las cuestionamos, pero las terminamos asumiendo como parte del sistema o de la cultura de una organización. También las hay, que supieron cuestionarlas, desactivarlas, y seguir un mejor camino. Pero, en mi experiencia, después de muchas horas dedicadas a indagar en las conductas y actitudes que desplegamos ante los conflictos -en mis facetas como docente, investigadora, mentora y conferencista- estas últimas son una privilegiada minoría.
Como líderes tenemos la responsabilidad de cortar con los disparadores, antes de que se activen.