Negar tensiones emocionales, negar dificultades mentales, no las desaparece. Como líderes, tenemos que aprender a dar acompañamiento a quienes lideramos en situaciones difíciles, incluyendo situaciones de salud mental y emocional.
Tenemos que aprender a preguntar a la gente cómo está y a no conformarnos con un superficial “bien” cuando sabemos por la mirada, por los gestos, por las expresiones, que no es así.
Abrir el corazón para hablar de tensiones emocionales, experiencias traumáticas, situaciones de ansiedad o dificultades mentales no es fácil. Tampoco lo es compartir sentimientos de culpa, miedos profundos y pérdidas dolorosas.
Precisamente por eso tenemos que pasar de informarnos a comunicarnos y aprender a hacerlo cada vez mejor. Un “no sé qué decirte”, puede ser mucho más valioso y sincero, sin duda, que el uso de un lenguaje minimizador o positivamente tóxico.
Compartir vivencias que hemos enfocado como privadas, que nos han enseñado a callar, y por las que tememos ser juzgados, requiere de un espacio seguro y de un interés genuino por dar soporte de la persona que escucha.
El lenguaje tiene poder: úsalo bien. Úsalo cada vez mejor.