Nos nubla la mente, nos boicotea, nos hace dudar de nosotros mismos. Nos siembra dudas, temores e inseguridades, nos quita la paz.
El síndrome del impostor vive en muchos de nosotros, con independencia de nuestro éxito.
Emerge sin lo que hayamos convocado, con más o menos frecuencia, con menor o mayor intensidad. A veces se conforma con susurrar, otras veces se dedicar a gritar para desestabilizarnos.
Pese a las pruebas que respaldan nuestra competencia, tenemos miedo a ser descubiertos “como un fraude”.
Es la percepción distorsionada de los logros personales, donde se atribuyen los éxitos a la suerte, coincidencias o ayuda externa, en lugar de a las propias capacidades.
Genera miedo persistente a ser descubierto como un fraude, acompañado de inseguridad y autoexigencia excesiva.
Ponlo sobre la mesa, para que lo puedas debilitar.