Emociones drenantes, pensamientos recurrentes, experiencias no procesadas y narrativas internas las vamos acumulando en el armario de nuestra mente.
Las razones de que permanezcan allí, algunas arrinconadas en el ropero y otras ocupando espacio más visible, son diversas, pero el efecto suele ser parecido: contaminación de decisiones, relaciones, conversaciones y resultados.
Basura emocional. No es un concepto clínico sino una metáfora poderosa sobre la necesidad de ventilar, reordenar, y eliminar -parecido a cuando hacemos una limpia en nuestro closet- creencias, expectativas, resentimientos y cicatrices que cargamos desde tiempo atrás y que nos restan energía.
Necesitamos aprender a metabolizar la basura, a limpiar el ropero, entendiendo primero que toda emoción es información, que toda creencia limitante, por más que nos lo hayan vendido así, no es la realidad y que hay lastres emocionales, ya sean de familia, culturales u organizacionales, que debemos cuestionar porque simplemente no son nuestros ni somos responsables de ellos.
Haz cada cierto tiempo una limpieza de tu armario emocional.