Reconocemos una conversación difícil precisamente porque preferiríamos evitarla. Sólo
pensar en ella nos acelera el pulso.
Cualquier asunto o tema sobre el que nos resulte difícil hablar entra en esta categoría. Pedir un aumento de salario, hacer un despido, dar una mala noticia, comunicar una mala evaluación de desempeño, confrontar a un jefe o colega. ¿Qué sientes sólo al pensarlo?. ¿Cómo sueles abordar estos diálogos?. ¿Con qué consecuencias para ti y para otros?.
Pocos hemos tenido un buen modelo sobre cómo gestionar conversaciones retadoras llevándolas
a buen puerto, cuidando tanto el resultado como la relación, atendiendo tanto el contenido como
la forma, pensando en el hoy y la vez en el futuro.
Es posible que más bien hayamos tenido un referente que nos enseñó todo lo que no debemos hacer. Y el peligro es que lo estemos reproduciendo. Porque en situaciones retadoras, nuestro instinto de ganar se pronuncia y las emociones se exacerban. Ambas se convierten en pésimas consejeras.
¿Qué errores debemos evitar en conversaciones complejas?.
1.Caer en una mentalidad de combate.
2.Simplificar demasiado el problema.
3.Suponer la intenciones del otro.
4.Sobre-reaccionar a lo que nos dicen
5.Perder de vista el objetivo.
La calidad de tu liderazgo depende de la calidad de tus conversaciones.