Los rituales nos energizan y nos permiten saborear y dotar de sentido a las cosas que hacemos y conectar con nosotros mismos.
A diferencia de los hábitos, que convertimos a fuerza de repetición y voluntad, en comportamientos automatizados, los rituales nos permiten detenernos con intención consciente y con un propósito emocional o simbólico.
Si queremos mantenernos en la senda del liderazgo que hemos elegido, sin desenfocarnos, sin perder el rumbo, los rituales pueden brindarnos un gran servicio.