La actitud cuenta pero para que realmente haga la diferencia, hay que sumarle acción intencionada.
Porque por sí sola la actitud no conduce a nada. Se convierte en una sonrisa vacía. En una espera vana.
Abundan las frases que evangelizan sobre la actitud pero pocas veces veo una invitación, un llamado a la acción, para sumarle voluntad deliberada a la intención.
No te quedes en la actitud.
Súmale acción.