Las presentaciones poderosas y las conversaciones significativas requieren recursos y dispositivos poderosos.
Influir en otros, persuadirlos, moverlos a la acción, exige un balance entre lo que decimos y la forma en que lo decimos. Esto incluye desde la palabras que escogemos- la fuerza de nuestros argumentos- pasando por el tono de voz con que las pronunciamos hasta los gestos con que las acompañamos.
Si no hay coherencia entre lo que decimos y la manera en que lo decimos la gente prestará más atención a lo segundo.
Uno de los desafíos para ser más persuasivos es que solemos inclinarnos por la lógica de los argumentos, restando en ocasiones convicción y emoción a nuestras propuestas, ideas e iniciativas. Porque por más buenos que sean nuestros argumentos, nuestros datos, la lógica que los sustentan, es medular para la influencia imprimir credibilidad y emoción.
Conectamos con otras personas, con lo que despiertan y evocan en nosotros y nos contagiamos de sus emociones, de su entusiasmo. Se requiere un balance consciente para lograr credibilidad.
La forma habla de nuestro compromiso tanto como el contenido.