La procrastinación nos drena. Como un imán atrae una serie de consecuencias negativas, entre ellas afectaciones físicas, implicaciones emocionales, consecuencias en la toma de decisiones, disminución de la productividad, problemas laborales y fallas en la comunicación.
Al postergar, como proclama Piers Steel, profesor de Psicología Motivacional -uno de los autores que más han estudiado el problema de la procrastinación- no sólo estamos conscientes de que estamos evadiendo una tarea, una conversación, un asunto, sino también de que eludirlo es probablemente una mala idea y … aun así lo hacemos. Este cóctel, que tiene algo de irracional, no puede ser beneficioso.
A veces es por pereza o por falta de energía, en ocasiones por indecisión, en otros momentos por miedo y, sin duda, la organización deficiente del tiempo también se cuenta entre las causas de la procrastinación.
Cada quien tiene las suyas y aunque nos puedan parecer legítimas lo cierto es que nos pasan una factura alta.
Entre más tarde te pongas en ello, peor.
Ponte en la tarea de una vez.