Se fortalece cuando se usa para servir y empoderar a otros y se desperdicia cuando se emplea para protegerse o manipular.
El poder es un recurso que cobra sentido en la interacción con los demás, en la forma como se ejerce la influencia y la motivación con que se despliega. Y hay motivos de motivos. Y efectos de efectos.
Cuando el líder usa su poder al servicio de otros, genera confianza y compromiso.
Cuando lo usa para favorecerse él, provoca resistencia y desconexión.
Y cuando no sabe usarlo, o abdica, produce confusión y deja espacios vacíos de los que otros pueden aprovecharse.
Los líderes que comparten información, reconocen las contribuciones de su equipo y promueven la autonomía, logran entornos más innovadores y resilientes.
Más que acumular poder debemos saber distribuirlo, para amplificar la capacidad colectiva.