Difícilmente le debe algo a la suerte. Le debe más al esfuerzo voluntarioso.
- Al enfoque.
- A la disciplina.
- A la paciencia.
- A la constancia.
- A la convicción.
- A la persistencia.
- A la perseverancia.
El esfuerzo se alimenta de significado, de sentido. Cuando tenemos un buen motivo, los apoyos surgen, los recursos se encuentran, las ideas cristalizan y los proyectos se materializan.
Nunca he conocido a una persona a la que el éxito le haya llegado sin trabajarlo.
Pero si conozco muchas personas exitosas, plenas que:
- Cultivan relaciones diversas.
- Observan con distintos lentes.
- Dirigen su energía hacia el futuro.
- Practican la gratitud desinteresada.
- Aprenden de sus errores y fracasos.
- Cuestionan sus creencias y paradigmas.
- Buscan proactivamente retroalimentación.
Personas que en lugar de mirar por la ventana para culpar a otros, al entorno o a las circunstancias, se miran al espejo para preguntarse, sin rodeos, que están haciendo y que no están haciendo para alcanzar lo que hayan definido como éxito.