El trabajo en equipo no se decreta, se cultiva día a día.
El líder es quien debe modelarlo en su gente.
Modelarlo con sus palabras, acciones, conductas y actitudes. Y hacerlo con convicción, con intención genuina, no sólo porque es bueno para las relaciones, para el clima laboral, sino porque también es necesario para la consecución de los resultados.
Porque cuando se trabaja en equipo, los esfuerzos y los talentos se multiplican.
- La gente colabora en vez de competir descarnadamente.
- Se apoyan unos a otros con generosidad sin llevar la cuenta.
- Construyen sobre la diversidad y la inteligencia colectiva.
- Llegan más fácilmente a consensos y construyen sobre los disensos.
- Las reuniones suelen ser más productivas y más creativas.
- Las personas se piden cuentas entre ellas con asertividad.
Cuando un líder honra el equipo al que pertenece, sin socavar ni menoscabar a sus colegas, el equipo al que lidera hace lo mismo. Construir alianzas poderosas entre ellos.
Honra al equipo al que perteneces.