Sobre-exigirnos nos drena. Pero nos cuesta parar.
- Nos enredamos en la cultura de la prisa y la urgencia.
- Confundimos productividad con trabajar sin descanso.
- Ignoramos las señales del cuerpo y de la mente.
- Enfocamos los descansos como momentos perdidos.
- Normalizamos la ansiedad y al agotamiento.
Pequeñas pausas pueden conducir a grandes diferencias en tu salud mental.
Y precisamente cuando estamos abrumados, presionados, sobrepasados, es cuando más necesitamos detenernos.
Pausar. Hacer un alto, respirar profundo, estirarnos, conectar con la naturaleza, reconectar con otros o con nosotros mismos.
Algunas pausas pueden ser breves, otras menos breves, pero todas en el momento adecuado, pueden hacer una gran diferencia en nuestra energía, enfoque, concentración y productividad.
Siempre que hablo de este tema me acuerdo de esta frase de Anne Lamott.
“Casi todo volverá
a funcionar si lo
desenchufas por
unos minutos…
Es desenchufarnos para recargar.