En el corre y corre frenético de nuestra vida, ante agendas agobiantes y presiones crecientes, nos dejamos llevar por nuestro piloto automático para relacionarnos y tomar decisiones.
Aunque nos “simplifica la vida”, el piloto automático también puede empobrecernos. Porque actuamos de la misma forma una y otra vez en un círculo vicioso, del que muchas veces no somos conscientes.
Si dejamos que nuestro piloto automático conduzca permanentemente nos privamos de una serie beneficios y oportunidades. Desde adquirir nuevas habilidades, pasando por cuestionar paradigmas, hasta ampliar nuestras redes de relaciones.
También nos perdemos de descansos que nos harían ver nuevas perspectivas; de ver las cosas con nuevos lentes, de poner en la balanza y priorizar lo que realmente es clave para nuestras vidas.
Sentirnos confortables con la incomodidad genera nuevas rutas neuronales añadiendo variedad a nuestra vida, aumentando nuestra creatividad e incrementando nuestro bienestar. Hacer pequeños altos, darnos respiros de manera intencionada, puede ser ayudarnos.
Ayudarnos mucho.