No se trata de un rasgo fijo, inalterable, predeterminado. La autoestima la podemos cultivar diariamente con elecciones, relaciones y decisiones conscientes por las que debemos asumir responsabilidad.
Cada valor que honramos.
Cada riesgo que asumimos.
Cada hábito que abrazamos.
Cada decisión que tomamos.
Cada relación que cultivamos.
Cada promesa que cumplimos.
Cada palabra que nos decimos.
Cada escogencia que hacemos.
Cada ambiente que escogemos.
Cada momento que priorizamos.
Cada comparación que evitamos.
Cada emoción que reconocemos.
Cada contenido que consumimos.
Cada equivocación que aceptamos.
Cada límite o plazo que nos fijamos.
Cada pensamiento que alimentamos.
Cada agradecimiento que expresamos.
Cuando nuestra autoestima es saludable liberamos creatividad, establecemos vínculos más duraderos, nos mantenemos más firmes en nuestro propósito y nos desafiamos a subir vuestra propia barda.
Trabajar en nuestra autoestima es trabajar en nuestra calidad de vida.