La inacción puede llegar a ser más dolorosa que la acción y también conducirnos a más arrepentimientos.
La inactividad es prima cercana de la parálisis por análisis, del miedo a fallar en sus distintas manifestaciones y de la procrastinación.
Una familia a la que hay que tenerle cuidado, porque nos puede llevar a perder oportunidades y a privarnos de aprendizajes valiosos.
Que hay riesgos los hay. También hay riesgos de riesgos. Los imaginamos. Los olemos. Dormimos con ellos. Colonizan nuestra mente, nos amarran, nos atan. Imaginamos posibilidades que por lo general son negativas e incluso catastróficas.
Pero es el riesgo real es no actuar. Porque nos estanca. Nos paraliza. Nos drena. El costo oculto de no actuar se traduce en pérdida de tiempo, ansiedad y arrepentimientos futuros.
No hay condiciones perfectas. Hay que experimentar, decidirse, actuar, probar. Cómo vencer la inercia:
-Reformular el miedo como energía.
-Apalancarse en experiencias pasadas.
-Celebrar pequeños pasos exitosos.
-Ejercitar la resiliencia y la flexibilidad.
-Salir de la comodidad conscientemente.
-Visualizar, imaginar, el resultado.
-Rodearse de personas que te den alas.
-Aprender constantemente cosas nuevas.
-Encontrar el aprendizaje en el error.
El miedo no solo nos detiene, nos genera costos ocultos.
El verdadero peligro está en quedarse quieto.