Podemos articular el mejor discurso, compartir argumentos poderosos o desplegar cifras contundentes pero si no somos coherentes entre lo que decimos y la manera en que lo decimos no seremos creíbles.
Transmitimos mucha información, más de la que pensamos, a través de nuestro lenguaje corporal, de nuestra mirada, de nuestra actitud, de la distancia que guardamos con las otras personas.
Ten siempre presente que mente y cuerpo son un sistema y cualquier cambio en uno afecta al otro.