El lenguaje no sólo describe la realidad, puede crearla, expandirla. Para bien o para mal.
Si de la calidad de nuestras conversaciones depende la calidad de nuestros resultados, sería
valioso hacernos entonces mejores preguntas.
Preguntas que abran posibilidades, que nos permitan mirar en distintas direcciones, que nos
hagan recobrar perspectiva, sobre todo en situaciones retadoras.
1. ¿Qué está sucediendo en realidad, más allá de nuestras interpretaciones?
2. ¿Qué suposiciones estamos dando por ciertas?
3. ¿Qué estamos evitando mirar, decir o hacer?
4. En relación con lo que sucede, ¿qué podemos hacer que dependa de nosotros?
5. ¿Qué alternativas o soluciones no estamos considerando?
6. ¿Qué aprendizaje nos está pidiendo esta situación?
Hay mucho poder en abrazar un lenguaje generativo que más allá de describir hechos nos invita a
construir futuros posibles.
Una pregunta generativa no busca culpables, no presupone respuestas, no invalida opiniones, no
perpetúa creencias limitantes. Desafía a pensar mejor, a mirar en distintas direcciones.
Invita a la acción, a la innovación, luego de la reflexión.
Un lenguaje generativo construye seguridad psicológica y cuando se cultiva la seguridad
psicológica florece la innovación.