La confianza no es sólo un sentimiento sino una expectativa de que las cosas saldrán bien, si se trabaja en ello. Esta definición basada en Rosabeth Moss me parece potente, porque a veces la confundimos con ingenuidad o con soberbia.
Contrastar lo que es y lo que no es la confianza puede ser valioso para seguirla alimentándola sanamente.
No es pasividad.
No es arrogancia
No es autocomplacencia.
No es candidez.
No es individualismo.
No es optimismo vacío.
¿Qué es para mí la confianza?.
Es convicción.
Es ser realista.
Es apertura.
Es disciplina.
Es compromiso.
Es anticipar escenarios.
La confianza se construye con hechos, acciones, resultados y experiencias. Se edifica incluso con atrevimiento, con agallas, cuidando eso sí de no llegar a la arrogancia. Suena paradójico pero requiere grandes dosis de humildad.
Como líderes, además de exhibir confianza sin arrogancia, debemos trabajar en nutrir la confianza de nuestra gente. Hacerlo es convertirla en un activo estratégico que marque la diferencia en decisiones, relaciones y resultados.