Creer en la gente, nutrirla, escucharla, alentarla, impulsarla.
Esperar lo mejor de ella, apoyarla para que lo consigan.
Y mantenerse, en el proceso, en el camino, atentos, acompañarlos, hacerlos brillar.
De esto trata el liderazgo, de lograr cosas a través de la gente.
Porque una cosa es gestionar, administrar, ordenar, controlar y una muy distinta liderar. La primera tiene que ver con el qué y el cómo y la segunda con el para qué o el por qué.
Y no se trata de escoger entre una y otra, ni en tiempos buenos ni en tiempos malos, sino de lograr la mejor fusión posible entre las dos.