No conectamos con personajes, sus puestos o roles. Conectamos con personas, con lo que despiertan y evocan en nosotros y nos contagiamos de sus emociones, de su entusiasmo, de su visión.
Conectamos con ideales.
Conectamos con valores.
Conectamos con sueños.
Conectamos con historias.
Conectamos con principios.
Conectamos con recuerdos.
Conectamos con emociones.
Conectamos con sensaciones.
Conectamos con experiencias.
Las relaciones son la que dan sentido a nuestra vida, a nuestro trabajo.
Un buen líder sabe y entiende que lidera personas no piezas de un engranaje y las trata, en consecuencia, teniendo en cuenta sus emociones, habilidades, sueños y aspiraciones. Se interesa genuinamente en sus personas a cargo, confía en ellas e imprime propósito a lo que hacen.
El gestor organiza, el líder mueve a la gente a dar lo mejor de sí.