Cuando una persona ante una situación importante para ella encuentra su respuesta, su propio camino o solución, no sólo se compromete más con el curso de acción que ha definido sino que, además, acrecienta su autoconfianza. Porque la respuesta es muy posible que ya viva en ella. Lo que necesita es apoyo para sacarla a la superficie.
Pero ante la tesitura de alguien que nos abre su corazón, que nos cuenta su aflicción, que nos comparte su situación, la tendencia es que disparemos, casi que sin pausa, todo lo que nos viene a la mente que hicimos en el pasado, lo que haríamos nosotros o lo que sabemos que le ha funcionado a otras personas. Nos cuesta apagar la voz del “asesor” que vive en nosotros.
- Y si la persona no necesita nuestras recetas?.
- Y si la persona lo que necesita es sentirse escuchada y validada?.
- Y si la persona lo que necesita es que le hagamos preguntas?.
Preguntas que apunten al corazón, que nos coloquen tanto a ella como a uno en una situación de vulnerabilidad, de conexión genuina? .
- Preguntas que abran posibilidades, que ayuden a sanar heridas?
- Preguntas que permitan a la persona encontrar su camino?.
- Preguntas que fortalezcan el vínculo, la relación?.
No olvides que la intención con que hagamos la pregunta forma parte de la pregunta.