La productividad y el alto desempeño requieren bienestar, bienestar integral.
Y la productividad no es ni debe ser sinónimo de estrés, fatiga, cansancio, agotamiento.
Cuidar nuestro bienestar es una responsabilidad personal que no deberíamos delegar en nadie más ni de la que deberíamos abdicar.
Exige romper paradigmas insalubres sobre la productividad y sobre el propio nivel de hiper exigencia que nos ponemos o dejamos que nos trasladen.
Porque pasar 10 horas al día, o muchas más, trabajando sin parar no es una medalla de honor por la cual sentir orgullo.
Es anti-productivo y, además, anti natural, por más que lo queramos vestir de acto heroico.
Heroico sería lograr el mayor balance posible de las distintas facetas de nuestra vida!
Abrazar la vida con plenitud debería ser la meta de cada jornada.
Así como gastamos energía, es vital recargarla de distintas maneras.