Solemos ufanarnos de nuestra capacidad para estar en varias cosas a la vez.
Lo vemos como una demostración de eficiencia y productividad. Creemos que realmente somos “multitasking”. La consideramos una virtud que nos distingue de otros y … abusamos de ella.
Sin embargo, cuando actuamos de esta manera dividimos nuestra atención y, en realidad, no nos comprometemos plenamente con ninguna de las tareas que simultaneamos. Porque dos tareas que requieran enfoque, concentración plena, no las podemos ejecutar con excelencia, a cabalidad.
Al vivir simultaneando tareas, actuamos muchas veces en contra nosotros mismos y de otros que quisieran realmente nuestra atención, no una atención fragmentada. Porque no. Definitivamente no podemos escuchar bien a otra persona cuando estamos, por ejemplo, respondiendo un correo.
Los estudios son consistentes en evidenciar que cuando hacemos multitarea la posibilidad de cometer errores se incrementa. También demuestran que cuando dejamos una tarea para hacer otra , al regresar a la primera invertimos más tiempo.
Perdemos enfoque.
Perdemos “momentum”.
Perdemos productividad.